Cómo Sentarse

por P.T.N.H. JIYU-KENNETT

del libro El Arte de Permanecer Sentado, Ediciones Oniro 2005, ISBN: 84-9754-161-8

Al sentarnos, hemos de cerciorarnos de que la columna vertebral adopta la curvatura natural de una columna saludable, como puede apreciarse en cualquier libro de medicina que sea bueno. Es muy importante que la persona que esté aprendiendo a sentarse lo tenga muy claro. Lo que le ocurra con los pies no tiene tanta importancia, pero lo que le sucede a la espalda es de la mayor importancia. Si la columna vertebral no adopta una postura correcta, esa persona padecerá rigidez, dolores, y puede que incluso alucinaciones. Si la postura es correcta los músculos de la región lumbar sostienen fácilmente el peso del cuerpo. No obstante, se tiende a desarrollar una especie de protuberancia por la parte frontal, popularmente llamada < <panza de zazen>>. Para esto no hay remedio y no vale la pena preocuparse de ello. A veces, una persona ha sufrido algún tipo de lesión de espalda a lo largo de su vida y eso hace que sentarse con la columna derecha resulte extremadamente difícil. Hay que saber que lo que intentamos hacer es hallar la manera en el que una persona puede sentarse mejor, a fin de obtener los mejores resultados.

Nunca hay que sentarse completamente reclinado sobre el cojín o una silla. Al sentarse en el suelo, solo debe reposar sobre el cojín el extremo de la base de la columna, conformándose una ligera inclinación desde las nalgas, que reposan en el borde del cojín, hasta el suelo, donde descansan cómodamente las rodillas. Esta postura impide que nada ejerza presión sobre los muslos, restringiendo el flujo sanguíneo. Si alguien se sienta totalmente sobre el cojín, sin permitir la existencia de ese espacio libre para los muslos, será imposible que más tarde se levante del cojín sin sentir mucho dolor. La cabeza debe sentirse naturalmente cómoda y liviana sobre los hombros, con las orejas alineadas con estos últimos, y con la nariz en linea con el ombligo. No hay dos personas iguales físicamente te, y por ello es muy importante experimentar cada uno por sí mismo para estar seguro de descubrir cuál es la posición adecuada para la cabeza o para los pies. Si las orejas no están exactamente alineadas con los hombros a causa de algún tipo de lesión de espalda, no hay que suponer que no se puede meditar. Hay que descubrir la posición en la que se esté más cómodo, es decir, en la que se sienta más liviano, e iniciar su meditación es esa postura. Hay que balancear el cuerpo de izquierda a derecha, una vez lograda la postura sentada correcta, empezando con balanceos amplios, para pasar a otros cada vez más pequeños; si así lo desea, también puede balancearse circularmente. Este tipo de movimientos permiten que una persona halle la mejor postura para él o ella como individuo; el lugar en el que todo su cuerpo parece caer columna vertebral aba jo, hasta el cojín o la silla.

Las manos no deben apretarse entre si, sino depositarse en el regazo, con las yemas de los pulgares tocándose ligeramente. Una persona zurda coloca la mano derecha sobre la izquierda, y una diestra depositará la mano izquierda sobre la derecha, por la siguiente razón: hay un lado del cuerpo que siempre es más activo que el otro, normalmente el que más se utiliza. Por ello, durante la meditación sentada, se pone la mano del lado menos activo sobre la del más activo, ya que se cree que eso ayuda a equilibrar la desigualdad de la actividad corporal.

Nadie debe nunca cerrar completamente los ojos. Debe bajarse la vista, de manera que descanse sobre un punto en el suelo que el meditador pueda ver con comodidad. No todo el mundo se siente cómodo mirando a la misma distancia; por do, y aunque se acostumbra a decir que lo mejor es permitir que los ojos descansen en el suelo a una distancia de alrededor de un metro, debe entenderse que no se trata de una regla inamovible. De entrada, es algo que no pueden hacer un corto de vista ni un hipermétrope. No hay que sentarse en meditación para hacer algo poco natural con uno mismo; por lo tanto, si para una persona es normal llevar gafas, debe continuar con ellas mientras medita; no debe quitárselas. La herencia y el derecho natural de todos nosotros es conocer nuestros verdaderos seres, es decir, estar en paz y unidos con lo eterno; a fin de conseguirlo no debemos hacer nada que nos resulte antinatural como individuos, simplemente porque las instrucciones de meditación que se escribieron para un cuerpo perfecto dicen que deberíamos…

Es muy importante hacer con los ojos lo mismo que hacemos con la mente. No hay que intentar ver nada concreto, como son las marcas o manchas que pudiera haber en la pared o en el suelo, ni tampoco intentar borrarlas ni difuminarlas. Lo único que hay que hacer es mantener la vista baja y enfocada. Se mantienen los ojos abiertos para permitirnos estar despiertos y atentos. La persona no está tratando de ver y, al mismo tiempo, no tratando de no ver.

Es importante respirar por la nariz y no por la boca. Eso se logra fácilmente manteniendo la boca cerrada y ya está. No se trata de apretar los dientes, ni de que estos rechinen; se trata de cerrar la boca simple y cómodamente.

Al respirar, no hay que hacer nada que resulte incómodo. Existen muchas y variadas formas de meditación, todas las cuales proporcionan diversos grados de bienestar espiritual. Pero en lo que a mi respecta, no hay ninguna que proporcione un confort espiritual mayor, y una comprensión y conciencia más profundas, que la meditación de serena reflexión. No obstante, esos beneficios solo pueden alcanzarse si se respira con naturalidad. Es importante sincronizar la propia respiración con el estado natural del propio cuerpo. Si la respiración es áspera, es decir, forzada hasta el punto de resultar inusual para la persona, entonces no puede existir armonización alguna entre cuerpo y mente. Algunos de nosotros respiramos con mayor rapidez que otros, y otros con mayor lentitud. Cada persona debe respirar siguiendo su propio ritmo natural a fin de no provocar tensiones inusuales. Volvemos a insistir en que no hay que hacer nada anormal.

Tampoco hay que intentar de forma deliberada pensar o no pensar. Los pensamientos van y vienen en nuestras cabezas y podemos bien jugar con ellos o simplemente sentarnos y dejar que pasen. Somos muchos, demasiados, los que nos dejamos secuestrar por los pensamientos, mientras que otros intentan apartarlos de sí; ambas actividades son totalmente incorrectas. Los japoneses distinguen entre pensamientos deliberados y naturales. No hay nada malo en los pensamientos naturales. Como no tenemos los oídos tapados durante la meditación, es normal que escuchemos pasar a los coches por la calle y el trino de los pájaros; como no tenemos los ojos cerrados, es razonable pensar que veremos el diseño de la alfombra, o del suelo o la pared: todas esas cosas nos molestarán si nos permitimos discutirlas en nuestras propias mentes. Si uno se limita a advertir que está pasando un coche y se siente molesto o complacido por ello, entonces la meditación habrá dejado de estar presente. Todo lo que se necesita para meditar es sentarse con una actitud mental positiva. Si así es, entonces no hay dada de que se hallará al Verdadero Buda interior.

Suelo utilizar el ejemplo de sentarse bajo un puente para ilustrar lo anterior. Uno se sienta bajo un puente por el que circula el tránsito en ambas direcciones. Pero no hay que trepar al puente para pedir que nos lleve uno de los coches, ni tampoco corremos tras ellos; pero tampoco intentamos echarlos del puente. No es posible ignorar que los coches están ahí, pero no hay por qué sentirse molesto a! respecto. Si alguien queda atrapado en sus propios pensamientos (que, al principio, es lo que suele ocurrir), lo más conveniente es no preocuparse por ello. Hay que aceptar simplemente el hecho de que se está atrapado y continuar sentado, sin preocuparse del hecho de estar atrapado ni sentirse culpable por ello. Hagamos lo que hagamos, no podremos cambiar el hecho de que nos vimos atrapados y, si nos preocupamos por ello, no acabamos de recobrar la calma suficiente para regresar a la meditación. Hay que evitar a todo precio sentirse culpable con respecto a esta situación; no hay nada tan destructivo como la culpabilidad.

Al acabar la meditación, balancea el cuerpo de lado a lado, o realizando un movimiento circular, exactamente igual que a! principio, pero ahora empezando con movimientos pequeños para ir aumentando la distancia.

Es importante no llevar puesto nada que sea demasiado prieto o que nos constriña. También es importante vestir la ropa adecuada, de manera que no tengamos demasiado frió ni demasiado calor. El gran maestro Dogen, al hablar de los excesos, es decir, de demasiado calor, demasiada ropa, demasiada comida, no suficiente calor, no suficiente ropa, no suficiente comida, comenta lo siguiente: <<Seis partes de un estómago lleno sustentan al ser humano, las otras dos a su médico>>. Hay que alimentarse y vestirse de forma adecuada, descansar lo suficiente y no pasarse. El gran maestro Dogen nos advierte respecto a lo que denomina las tres carencias, es decir, falta de sueño, de alimentos, y calidez. A menos que las tres condiciones estén equilibradas, ni mucho ni poco de ninguna de ellas, la armonización de cuerpo y mente resultará imposible.

 

Pregunta: Qué sucede si una persona, en mitad de un periodo de meditación, no puede seguir manteniendo la misma postura sentada?

Es recomendable moverse y no preocuparse de ello. La meditación sentada no es una prueba de resistencia. Si una persona siente que no puede mantener la postura de meditación, no hay nada malo en cambiarla. Si fuera necesario moverse, lo importante es recordar que habría que volver a alinear correctamente la columna vertebral. También es importante disciplinarse uno mismo hasta cierto punto. Siempre he mantenido que una persona que siente que puede sentarse durante diez minutos debe esforzarse por sentarse durante doce minutos, y que cuando ya puede hacerlo, debería animarse a sentarse durante catorce. Debería continuar de este modo hasta que pueda mantener la misma postura durante un periodo completo de cuarenta y cinco minutos sin sentirse incómoda. De ese modo el cuerpo se va disciplinando con suavidad y naturalidad, a la vez que se reconoce que cuenta con sus derechos. Si no se hace de este modo, sentarse puede convertirse en algo temible; no conozco nada peor que eso.

 

Pregunta: ¿Y moverse inquieto?

Si una persona quiere progresar en la meditación, es muy importante que aprenda a sentarse inmóvil. Moverse inquieto, si el cuerpo no está cómodo, es una señal que indica el desagrado que esa persona siente por la disciplina y es una indicación de que el ego todavía no se ha convertido. El debate entre los opuestos en nuestras mentes no siempre es tan definido como creemos, y la necesidad de moverse es a veces una reacción a nuestra renuencia a hacer algo acerca de nosotros mismos. Si alguien se descubre sufriendo a causa de la necesidad de moverse, debe respirar hondo dos o tres veces y volver a realinear su cuerpo, pues probablemente haya acumulado tensión y rigidez en los hombros.

Si todos fuésemos bajos, gordos, delgados o altos, y tuviésemos la misma vista o gozásemos del mismo estado de salud, serla ex extraordinariamente fácil enseñar meditación. Sin embargo, todos somos totalmente distintos, y eso significa que es imposible escribir un capítulo sobre la manera en que hay que sentarse físicamente en la meditación que sea exactamente la misma para todo el mundo. Es importante que el meditador se haga examinar cuidadosamente por un maestro competente a fin de descubrir cuál es la postura correcta para él, individualmente. Son demasiados los que intenten seguir físicamente al pie de la letra las reglas de meditación sin darse cuenta de que su propósito es ayudarles a que aprendan a meditar, no causarles dolor físico ni una incomodidad antinatural.